Todos sabemos por
experiencia propia que nada hay más sabroso y reconfortante para empezar
una comida o tonificar el cuerpo a media mañana que un exquisito caldo o
una apetitosa sopa, sobre todo en una desapacible y fría jornada
invernal.
Sopas, consomés, caldos o cremas son, además de un
regalo para el paladar más refinado, la solución idónea para abrir una
comida. Preparan el organismo de forma adecuada para que pueda pasar la
prueba de los segundos platos, apetitosos pero de digestión a menudo más
pesada. Son, por tanto, el primer plato ideal para poner en marcha y
estimular la secreción de los jugos gástricos y de las glándulas que
colaboran en una digestión saludable, por lo que hacen bueno el refrán
«...se me hace la boca agua».
Cualquier ama de casa sabe eso y mucho más. Sabe que el secreto de
una sopa, un caldo, un consomé o una crema, es servirlo bien caliente,
humeante, para que esa agradable sensación de calor invada todo el
cuerpo de sus comensales, poniendo esa nota de intimidad en la mesa que
será un espléndido relax para gozar de una comida en un gélido día de
invierno. Sabe también que para apreciar en su justa medida un primer
plato caliente, el caldo, sopa o crema debe tener un sabor y un aroma
suaves, nunca excesivamente fuertes. No han de pegarse al paladar, sino
deslizarse con suavidad cual ligera pendiente que muere tranquilamente
en el estómago.
Venga amigos, un pequeño esfuerzo y atención, y que lo cocinéis bien,